sábado, 15 de octubre de 2016

ESPINA EN EL PASEO DE LAS ROSAS

Al llegar al Parque, no pudo evitar la llegada masiva de tiernas y evocadoras imágenes a su mente. Jugando al fútbol o en bici, aquel fue sin duda el sitio de su recreo y el de sus hermanos. El Paseo estaba muy concurrido y tuvieron dificultades para encontrar mesa en alguna terraza. Finalmente un matrimonio de ancianos dejó libre una de ellas, prácticamente ya a la altura del Balcón del Adarve. Suspiró el Chico de Ayer.

-"Por fin podremos darnos un refrigerio y disfrutar de esta brisa tan agradable a la sombra de los árboles", le indicó alegremente a su esposa.

Nada más lejos de la realidad, pues la calma tardó poco en esfumarse. En la mesa contigua había una pareja de novios que discutía acaloradamente. La bronca fue subiendo de tono hasta que el muchacho le soltó una bofetada a su prometida. El golpe, certero y lleno de rabia, sonó como una palmada, haciendo chillar a la chica.

- "Qué mal cuerpo se me está poniendo. Existen límites en las discusiones que nunca debieran soprepasarse", le comentó el Chico de Ayer a su señora por lo bajini, con aire disimulado, intentando no perder la compostura.

Visiblemente incómodo por el desagradable episodio que tuvo que presenciar, el Chico de Ayer carraspeó y pidió la cuenta.



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