miércoles, 12 de octubre de 2016

EXTASIS FRENTE AL RETABLO

La misa, especialmente melódica y jovial por ser la dedicada a los niños, retrotrajo al Chico de Ayer a épocas pretéritas. Concretamente a la exultante emoción que sintió el día que recibió su Primera Comunión en ese mismo templo, rodeado por sus compañeros de clase del colegio Marista.

-"Existen sensaciones no perecederas", suspiró para sí, alzando la vista hacia el majestuoso Retablo Mayor. Lleno de alegría, su alma se regocijó: "¡Qué gozada para un espíritu ya maduro como el mío!". Pleno de júbilo frente al Altísimo, el Chico de Ayer se enorgulleció de poder disfrutar de tan magna obra del renacimiento tardío.

Al finalizar la misa, el resplandor del sol cegaba los ojos de los fieles que ponían el pie en la Plaza de Santa Ana. El gentío se arremolinaba en las puertas de salida de la Iglesia, mientras el día se abría definitivamente y se impartía un sol de justicia. Los gorriones animaban el mediodía con su canto, componiendo una agradable música que se mezclaba con el húmedo ruido de los caños de agua de la fuente.

-"Vamos al Paseo, que se ha puesto muy buen día", le sugirió el Chico de Ayer a su mujer. Ella aceptó la propuesta de buena gana, ya que las blancas callejuelas del Barrio de La Villa parecían abrirse a su paso como un oasis, una especie de sugerente encantamiento con sabor a fresca cal.


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