sábado, 26 de noviembre de 2016

LUCES DE NAVIDAD

El Chico de Ayer, risueño, terminó de arreglar a las niñas y se fue para el cuarto de baño. Socarrón, esbozó una gran mueca que terminaba sonrisa y se situó frente al espejo. Con gran motivación, se esmeró en hacerse la raya bien recta para peinarse como era debido. Habían comenzado las fiestas navideñas y eso siempre significaba volver a la infancia. "Esa es la verdadera patria de todo hombre, aunque muchos no lo sepan o no lo crean" afirmó con gran seguridad para su interior, depositando el peine suavemente sobre el vaso que el lavabo sostenía.

Sin duda la alegría que le confería esta época actuaba como un potente bálsamo que le hacía aliviar los dos tristes episodios vividos en el último mes: el desgraciado robo de la imagen de la Virgen de la Fuente de la Salud, y el impactante desplome de la campana de la Parroquia de la Asunción.

Cogido de la mano de una de sus hijas, y con su vieja cámara Réflex al cuello, avanzó por una engalanada para la ocasión calle Río, al tiempo que sorprendió a su mujer con una pregunta de buenas a primeras:

-"¿Has visto que lucecicas más graciosas han puesto este año?".

- "Vaya... ¡a bien que no!, eso es lo que pega en esta época", respondió ufana ella, henchidos los pulmones. El Chico de Ayer aprovechaba mientras para tomar instantáneas del alumbrado.

sábado, 19 de noviembre de 2016

VICTORIA DEL BARROCO

Es la hora del ansiado bocadillo para nuestros tres personajes, que se dirigen raudos y veloces a la barra situada en frente de la única grada, exultantes de felicidad por el transcurso de la jornada, y con ganas de llenar el estómago.

-“Familia, no va mal la cosa hoy, ¿no?”, les regala un paisano seguidor también habitual del equipo. 

-“Desde luego, je, je…”, le responden de manera sincrónica.

Una vez recuperado el lugar en el graderío, uno de los trencillas anuncia el inicio del segundo período. El Viña Verde encadena tres acciones positivas en un momento de relajación del Bonachelo. Antes de ver mermada la ventaja en el marcardor el entrenador local, ágil de reflejos, solicita tiempo muerto. Cuando se inicia de nuevo el juego, el equipo sale totalmente enchufado: robos de balón, asistencias imposibles y triples plenos de inspiración se suceden en la pista.  La Fuente Rey, la Villa y el barroco tardío, en flashes, aparecen en la mente del Chico de Ayer. El equipo termina ganando el partido y la cancha es una fiesta entre los sones de la música.

-“Vaya gozada de partido, eh… “- comenta el padre a sus vástagos, pleno de euforia, mientras enfilan el camino en dirección al coche.

-“Increíble… –apostilla el hermano de nuestro protagonista-, jugando así será difícil que el equipo no salve la categoría”

-“Estos jugadores nos enseñan cada jornada que en la vida el camino es más importante que la meta” –remata el Chico de Ayer- . Esperaban las curvas.

sábado, 12 de noviembre de 2016

¡VAMOS PRI-EEE-GOOOO!

Una vez tomados los asientos en el único lateral con grada disponible de la modesta cancha de juego, y rodeados de vecinos de la localidad granadina, comentaban con música de radio de fondo sonando en altavoces:

-“Son más altos que nosotros – puntualizaba el padre del Chico de Ayer-, me parece que vamos a sufrir con el rebote”

-“Pues sí, papá –asentía el hermano-, ninguno de los nuestros llega a los dos metros… ni siquiera los dos fichajes de fuera”.

-“Tranquilos –añadía el Chico de Ayer-, yo confío en el talento de la mejor generación de deportistas surgida en la Cuna del Barroco cordobés. ¡Son nuestros juniors de oro!”, sentenciaba, borrando cualquier atisbo de negatividad.
                                             
Terminada la rueda de calentamiento por parte de ambos equipos, uno de los dos árbitros pertenecientes al colegio de Córdoba marcaba tres minutos para el inicio. Ultimas instrucciones por parte de los entrenadores y manos juntas de nuestros jugadores en el banquillo “¡PRI – EEE-GOOOOO!”. Grito de guerra resonando en el espacio cerrado.


Tras el salto inicial, el partido transcurre dentro de los cauces de la deportividad, con alternativas en el marcador. La superioridad montillana en la pintura es contrarrestada, como no podía ser de otra manera, con mayor velocidad en la circulación de balón por parte de los prieguenses, que gracias a rápidos contraataques consiguen mejores porcentajes en  tiros de dos puntos. Al descanso el marcador electrónico refleja una ventaja de diez puntos para los locales.

sábado, 5 de noviembre de 2016

CAMPEONES EN EL DESTIERRO

Dotados de innatas habilidades para la práctica del deporte de la canasta, los chicos –con una media de edad de 19 años- contaban con una gran baza a su favor: la mayoría de ellos provenía de un inagotable vivero de jugadores, el colegio Marista. Eran esencialmente, un grupo de amigos de toda la vida. Los aros y tableros de las antiguas pistas del colegio San José les habían forjado una mentalidad competitiva y ganadora extraordinaria, alcanzando para el centro y el propio pueblo un éxito sin precedentes: Campeones de España de colegios maristas.
                                                                                     
-“¿Hoy contra quién jugamos, lo sabéis?”, preguntaba el hermano del Chico de Ayer, ávido de renovar emociones.

-“Hoy… contra el Viña Verde de Montilla”, respondía nuestro protagonista, “a ésos les ganamos seguro!”, añadía solícito, abandonando por un instante su habitual prudencia y sosiego.

-“No estéis tan seguros –anadía el padre-, el balance de victorias/derrotas no está siendo positivo para el equipo esta temporada… quizás el club no consigue crecer a la velocidad de los éxitos deportivos del plantel”


La precariedad de medios se plasmaba especialmente en lo más fundamental, la cancha de juego. El Pabellón Cubierto de Priego se encontraba en construcción y el Bonachelo se veía obligado a disputar sus partidos – y a entrenar - en la pista cubierta de Algarinejo. Un “sitio de mi recreo” especial donde, fin de semana sí y fin de semana no, tenía lugar de manera casi mágica la aparición de dos tipos de valores con fuerte carga emocional: por un lado los relativos al deporte (compañerismo, disciplina, esfuerzo, etc.) y por otro, los vinculados a la representación de Priego (cultura, tradiciones, idiosincrasia, etc.). Lo anecdótico de la localización geográfica añadía un plus de romanticismo más, si cabe.