sábado, 26 de noviembre de 2016

LUCES DE NAVIDAD

El Chico de Ayer, risueño, terminó de arreglar a las niñas y se fue para el cuarto de baño. Socarrón, esbozó una gran mueca que terminaba sonrisa y se situó frente al espejo. Con gran motivación, se esmeró en hacerse la raya bien recta para peinarse como era debido. Habían comenzado las fiestas navideñas y eso siempre significaba volver a la infancia. "Esa es la verdadera patria de todo hombre, aunque muchos no lo sepan o no lo crean" afirmó con gran seguridad para su interior, depositando el peine suavemente sobre el vaso que el lavabo sostenía.

Sin duda la alegría que le confería esta época actuaba como un potente bálsamo que le hacía aliviar los dos tristes episodios vividos en el último mes: el desgraciado robo de la imagen de la Virgen de la Fuente de la Salud, y el impactante desplome de la campana de la Parroquia de la Asunción.

Cogido de la mano de una de sus hijas, y con su vieja cámara Réflex al cuello, avanzó por una engalanada para la ocasión calle Río, al tiempo que sorprendió a su mujer con una pregunta de buenas a primeras:

-"¿Has visto que lucecicas más graciosas han puesto este año?".

- "Vaya... ¡a bien que no!, eso es lo que pega en esta época", respondió ufana ella, henchidos los pulmones. El Chico de Ayer aprovechaba mientras para tomar instantáneas del alumbrado.

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