sábado, 5 de noviembre de 2016

CAMPEONES EN EL DESTIERRO

Dotados de innatas habilidades para la práctica del deporte de la canasta, los chicos –con una media de edad de 19 años- contaban con una gran baza a su favor: la mayoría de ellos provenía de un inagotable vivero de jugadores, el colegio Marista. Eran esencialmente, un grupo de amigos de toda la vida. Los aros y tableros de las antiguas pistas del colegio San José les habían forjado una mentalidad competitiva y ganadora extraordinaria, alcanzando para el centro y el propio pueblo un éxito sin precedentes: Campeones de España de colegios maristas.
                                                                                     
-“¿Hoy contra quién jugamos, lo sabéis?”, preguntaba el hermano del Chico de Ayer, ávido de renovar emociones.

-“Hoy… contra el Viña Verde de Montilla”, respondía nuestro protagonista, “a ésos les ganamos seguro!”, añadía solícito, abandonando por un instante su habitual prudencia y sosiego.

-“No estéis tan seguros –anadía el padre-, el balance de victorias/derrotas no está siendo positivo para el equipo esta temporada… quizás el club no consigue crecer a la velocidad de los éxitos deportivos del plantel”


La precariedad de medios se plasmaba especialmente en lo más fundamental, la cancha de juego. El Pabellón Cubierto de Priego se encontraba en construcción y el Bonachelo se veía obligado a disputar sus partidos – y a entrenar - en la pista cubierta de Algarinejo. Un “sitio de mi recreo” especial donde, fin de semana sí y fin de semana no, tenía lugar de manera casi mágica la aparición de dos tipos de valores con fuerte carga emocional: por un lado los relativos al deporte (compañerismo, disciplina, esfuerzo, etc.) y por otro, los vinculados a la representación de Priego (cultura, tradiciones, idiosincrasia, etc.). Lo anecdótico de la localización geográfica añadía un plus de romanticismo más, si cabe.

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