sábado, 12 de noviembre de 2016

¡VAMOS PRI-EEE-GOOOO!

Una vez tomados los asientos en el único lateral con grada disponible de la modesta cancha de juego, y rodeados de vecinos de la localidad granadina, comentaban con música de radio de fondo sonando en altavoces:

-“Son más altos que nosotros – puntualizaba el padre del Chico de Ayer-, me parece que vamos a sufrir con el rebote”

-“Pues sí, papá –asentía el hermano-, ninguno de los nuestros llega a los dos metros… ni siquiera los dos fichajes de fuera”.

-“Tranquilos –añadía el Chico de Ayer-, yo confío en el talento de la mejor generación de deportistas surgida en la Cuna del Barroco cordobés. ¡Son nuestros juniors de oro!”, sentenciaba, borrando cualquier atisbo de negatividad.
                                             
Terminada la rueda de calentamiento por parte de ambos equipos, uno de los dos árbitros pertenecientes al colegio de Córdoba marcaba tres minutos para el inicio. Ultimas instrucciones por parte de los entrenadores y manos juntas de nuestros jugadores en el banquillo “¡PRI – EEE-GOOOOO!”. Grito de guerra resonando en el espacio cerrado.


Tras el salto inicial, el partido transcurre dentro de los cauces de la deportividad, con alternativas en el marcador. La superioridad montillana en la pintura es contrarrestada, como no podía ser de otra manera, con mayor velocidad en la circulación de balón por parte de los prieguenses, que gracias a rápidos contraataques consiguen mejores porcentajes en  tiros de dos puntos. Al descanso el marcador electrónico refleja una ventaja de diez puntos para los locales.

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