sábado, 24 de diciembre de 2016

BELEN ENVUELTO EN BARROCO

A su izquierda un halo de luz resaltaba la hiperrealista expresión de la extraordinaria imagen de Jesús en la Columna. Por el pasillo que abrían las dos filas de asientos consiguieron acceder hasta el final de la nave central, no sin esquivar cuidadosamente a gran parte del gentío allí congregado. Se detuvieron justo delante de la imagen de San Francisco, que quedaba a su diestra.

Desde el Altar Mayor, la Virgen Inmaculada y San Esteban parecían saludar, condescendientes, a la simpar familia que acababa de llegar. Rodeado de pan de oro el Chico de Ayer sintió, por momentos, como su corazón se aceleraba. "Existen sensaciones no perecederas" volvió a pensar para sus adentros, tal y como le había ocurrido anteriormente cuando visitó el Altar Mayor de la Asunción.

Todavía mayor fue la ilusión que sintió al acceder a la pequeña estancia, situada en un piso inferior, en la que se encontraba el Belén. Allí una entrañable figura humana esperaba junto al Nacimiento. Un sacerdote de pelo cano sonreía continuamente, mientras explicaba los pormenores del montaje a las familias que iban llegando. Con una mano detrás de la espalda, utilizaba la otra para señalar y precisar los mejores arreglos conseguidos en esta ocasión, adquiriendo una atractiva pose de viejo maestro. La clásica estampa de quien conoce y domina su obra y, además, disfruta al compartirla con sus paisanos. Les dedicaba palabras como estas:

-“Daros cuenta de la figura nueva de este año…”, advertía ufano el hombre mayor. “… Este año los Reyes vienen de La Cubé”, bromeaba con pícara intención, buscando la risa espontánea del personal congregado. “Mirar lo rápido que se hace de noche en Belén, … je, je”

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