sábado, 17 de diciembre de 2016

EL TESORO DE SAN FRANCISCO

Era el día de Navidad, y el Chico de Ayer, en mitad del desayuno familiar, cogía desprevenidos a los suyos con una pregunta a quemarropa

-"¿Sabéis a donde vamos a ir esta tarde?".

- "No papá, ni idea..." replicaron ellos. El Chico de Ayer dilató las pupilas de los ojos y extendió los brazos hacia abajo, componiendo un gesto marcadamente explicativo:

-"¡Pues a donde va a ser! A San Francisco. Ya os he dicho muchas veces que allí está el belén que más me gusta de todo Priego, y eso que hay muchos y buenos. Pero es que es el único, por ahora, con efectos visuales de cambio de luz diurna a nocturna, y viceversa".

Salieron de casa a eso de las ocho de la tarde. Todos iban más bonitos que un San Luis. Al llegar, el Compás de San Francisco presentaba un mágico aspecto. Una tenue luz iluminaba la estatua de la Virgen situada en el centro de la plaza, mientras los visitantes al templo cedían el paso educadamente, a los salientes.

La puerta que se encuentra más a la izquierda crujió al abrirse, y sus oxidadas bisagras emitieron su característico chirrido. Una vez dentro, se recreó con la belleza de las finas yeserías barrocas que trufaban el techo y en general, del aire espiritual que se respiraba en el interior del templo. Enseguida se sintió envuelto por la especial atmósfera religiosa del viejo templo franciscano, sin duda el único que puede presumir de albergar algunas de las imágenes con mayor tirón popular en Priego

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