sábado, 3 de diciembre de 2016

LA MAGIA DEL PASEILLO EN NAVIDAD

Eran ya las ocho de la tarde y al llegar a la esquina de La Flor de Mayo se escuchaban los alegres villancicos del Paseíllo, verdadera banda sonora para todos los mozuelos prieguenses de la época.

-"¡Papá, cómpranos un barquillo de ésos que estamos siendo muy buenos!" solicitaba su hija mayor, intentando sacar partido del buen ambiente reinante. La pequeña, además, extendía el brazo y señalaba con brío el escaparate de la conocida confitería.

-"Bueno, bueno… ahora que no hay mucha gente lo pedimos para llevar, pero os lo tenéis que comer ligero..., que a lo que venimos es a ver a los Reyes Magos" respondió, benevolente, nuestro simpar personaje.

Al salir del establecimiento miraron, obnubilados, el precioso enclave que tenían ante sí. El Ayuntamiento lucía sus mejores galas -Majestuoso Portal de Belén en el balcón central y angelitos "trompetistas" en el superior-. Un pino de enormes dimensiones decorado con motivos navideños había sido dispuesto justo delante, como referencia inequívoca de las fiestas navideñas. Por su gran luminosidad parecía hacer las veces de majestuoso faro de guía en la noche. 


La Plaza de la Constitución era un hervidero de gente y los altavoces de la fachada principal parecían sonar cada vez con más fuerza. Todos los papás y mamás asistían, orgullosos, a la entrega de las cartas de sus hijos a sus Majestades de Oriente. Nuestro protagonista no dudó en inmortalizar con su cámara tan preciosos exteriores.

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