sábado, 10 de diciembre de 2016

MAJESTADES DE LA ILUSION

Tras sortear el alegre y familiar gentío, y después de esperar prudentemente su turno, las hijas del Chico de Ayer por fin vieron realizado su sueño de sentarse en las rodillas de un Rey Mago. A la mayor le tocó en gracia Melchor, y la pequeña fue recibida con amplia sonrisa por Baltasar. El rostro de la benjamina, sin experiencia en estos menesteres, y extrañada por la tonalidad de piel de su majestad, se podrán imaginar, era para verlo.

- "¿Qué deseas, pequeña?", le preguntó el morenito.

-"Un juego de cocinicas... pero vamos, que lo que me eches me parecerá bien!", respondió la hija menor con la voz entrecortada por la emoción del momento. Los Reyes, tras empatizar con ellas, y escuchar sus confidencias les dieron respectivos besos, y las niñas permanecieron en una nube para el resto de la noche.

Felices por la sensacional experiencia vivida, volvieron a casa. Frente al espejo del cuarto de baño, el Chico de Ayer volvió a sonreir. La mamá desvistió a los chiquillas y, una vez acostadas, les cantó:

Con Dios me acuesto,
con Dios me levanto,
con la Virgen María
y el Espíritu Santo.

El Chico de Ayer se asomó al dormitorio de las niñas, y reflejándose en ese momento en sus retoños, se dijo para sí:

-“En estos tiempos de disputas territoriales entre pueblos, cada vez tengo más claro que mi verdadera patria es la infancia y sus recuerdos, especialmente éstos de Navidad en mi Priego del alma



*Copla extraía de: http://www.enriquealcalaortiz.com/web

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