sábado, 25 de marzo de 2017

ESTRUENDO EN EL LLANO

En su cabeza, automática e inconscientemente resonaba la siguiente coplilla:

Viva Priego que es mi pueblo,
San Nicasio su patrón
viva la gente de Priego,
porque de Priego soy yo.


Paseó junto al estanque de agua del Llano y se dejó envolver por el húmedo sonido de los saltadores y de los gorriones. No pudo evitar el recuerdo de la otrora gran fuente circular que fue trasladada, años más tarde, al barrio de la Inmaculada. Aquel había sido el sitio de su recreo (y el de su hermano) cuando los niños de los Maristas y de las Monjas jugaban alegremente, poco antes de comenzar la catequesis cada miércoles, al salir de clase por la tarde.

Tuvo algún problema para llegar a la altura de la Sacristía de la Asunción, debido a la masiva afluencia de gente. Desde allí pretendió inmortalizar la imponente fortaleza árabe, con la caída del crepúsculo reforzando su característica coloración anaranjada. Con la película de haluro de plata a punto, ajustó obturador y diafragma para lanzar la instantánea. Adelantó levemente su cuello y achinó su ojo izquierdo al mirar por el visor, pero antes de que sonara el "click" un estruendo se dejó sentir como una bomba en el interior del templo: ¡se había caído la campana de la torre de la Parroquia!

Este desagradable hecho colapsó su cerebro por un instante. ¿Sería capaz de asumir el estado que presentaba la Parroquia donde hizo su Primera Comunión, siendo como era, un hombre eminentemente tradicional y metódico?

sábado, 18 de marzo de 2017

EL CAZADOR DE IMAGENES

Su peculiar afición por mantener vivos los recuerdos de su infancia, y su especial debilidad por la Joya del Barroco cordobés le hicieron iniciarse desde bien temprano en el mundo de la fotografía analógica. De esta manera conseguía rejuvenecer su ya maduro espíritu, y aplicar un cierto ritmo, trepidante y en primera persona, a cuanto ocurría en su pueblo. A esto, además, agregaba la turbadora incertidumbre por averiguar cómo de bien habían quedado las fotografías tomadas.

De las complejas etapas de tratamiento de la imagen se encargaba él mismo, realizándolas en su propia vivienda, sita en la calle Enmedio Palenque. Como es bien sabido, el proceso de añadir y retirar la sustancia reveladora era puramente artesanal, y el control del tiempo y temperatura le otorgaban un eminente y fascinante carácter alquimista. Por tanto, la inherente dificultad en la fijación de la imagen latente -desde la película de 35 mm hasta su impresión final en el papel- despertaba sin duda en nuestro personaje un plus añadido de gran emoción: una adictiva experiencia a la que no podía resistirse.

Aquel fin de semana el casco antiguo de Priego albergaba el tradicional Mercadillo Medieval. El Chico de ayer, sin dudarlo, se apresuró en coger su Reflex, y partió a buen trote  hacia la zona del Castillo.

-"No existe mejor enclave en el Priego del Agua que el que conforma el Corazón de Jesús y la plaza del Llano, con la Asunción al fondo. Seguro que consigo una buena instantánea", se dijo, confiado para adentro, mientras transitaba la Ribera –arteria especialmente congestionada por el tráfico en ese momento- , calle abajo, ese viernes por la tarde.


sábado, 11 de marzo de 2017

EL SANADOR DE LA CALLE RÍO

Si algo caracterizaba al Chico de Ayer, además de su amor a Priego, era su predilección por las técnicas tradicionales, a las que gustaba de incorporar su propio estilo metódico.

-"Ellas encierran la verdad de las cosas", añadía solícito a sus amigos, cuando se juntaba con ellos en animada tertulia los domingos al mediodía, tras finalizar la misa del Carmen.

Al tomar la calle Río y con los primeros pasos, giró el cuello de manera inconsciente, quedando orientado hacia las majestuosas casas señoriales. Fijando la vista en una ellas, comprobó de manera hipnótica, que su mente evocaba recuerdos de un lejano pasado.  Como si de un sueño se tratara, de repente se vio a sí mismo en edad infantil, aquejado por enfermedad, cogido de la mano por su madre con trote apresurado, dirigiéndose ambos hasta ese mismo portal que daba acceso a la consulta.

Recordaba la solemne estampa del médico que, ataviado con una ajustada bata blanca, y sentado sobre una delgada silla, escribía recetas con la ayuda de una vieja máquina de escribir, a modo de acta de defunción de la enfermedad. En efecto, el vigor con que los dedos de aquel profesional de la medicina presionaban las teclas de su Olivetti, daban lugar a un especial y sonoro tintineo en los oídos, además de una inmediata sensación de tranquilidad por la garantía de la sanación.

- "Nada de eso sería hoy perceptible a través de un moderno dispositivo Tablet o Ipad. Las nuevas tecnologías no hacen sino dilapidar los buenos recuerdos", cavilaba el Chico de ayer, sentado sobre el sofá de su modesto salón de casa.

sábado, 4 de marzo de 2017

SIN VIRGEN DE LA SALUD

Toda la familia se regocijó al degustar las golosinas sentados frente a las imágenes de Neptuno y Anfítrite. Los innumerables caños de agua ejercían, además, un efecto balsámico sobre los oídos de nuestros protagonistas. Sin embargo, cuál fue su sorpresa al levantarse y acercarse a ver los peculiares zapateros de la Fuente de la Salud, que nadaban por ella con su ligereza habitual. Frunciendo el ceño, y lleno de ira exclamó:

- "¡No puede ser, esta vez han querido hacerse hasta con la réplica!". En efecto, los amigos de lo ajeno se habían llevado la copia de la venerada imagen, aquella que sustituía desde hacía poco tiempo a la original tras el robo inicial.

- "¡Vaya berrinche más gordo!" exclamó su mujer. Estaba claro que todo no podía salirles perfecto.

Y para aliviarse del mal rato enfilaron la Calle Río, maravillándose de la grandiosidad arquitectónica de las fachadas que veían a su paso, y se dispusieron a merendar Isabelas de La A
guilareña en la cafetería El Águila.

-"¡Malditos gachones, pues no que se han vuelto a llevar a la Virgen!" mascullaba el Chico de Ayer para dentro, mientras se aprestaba a mojar un trozo de bollo en el mejor café de Priego