sábado, 18 de marzo de 2017

EL CAZADOR DE IMAGENES

Su peculiar afición por mantener vivos los recuerdos de su infancia, y su especial debilidad por la Joya del Barroco cordobés le hicieron iniciarse desde bien temprano en el mundo de la fotografía analógica. De esta manera conseguía rejuvenecer su ya maduro espíritu, y aplicar un cierto ritmo, trepidante y en primera persona, a cuanto ocurría en su pueblo. A esto, además, agregaba la turbadora incertidumbre por averiguar cómo de bien habían quedado las fotografías tomadas.

De las complejas etapas de tratamiento de la imagen se encargaba él mismo, realizándolas en su propia vivienda, sita en la calle Enmedio Palenque. Como es bien sabido, el proceso de añadir y retirar la sustancia reveladora era puramente artesanal, y el control del tiempo y temperatura le otorgaban un eminente y fascinante carácter alquimista. Por tanto, la inherente dificultad en la fijación de la imagen latente -desde la película de 35 mm hasta su impresión final en el papel- despertaba sin duda en nuestro personaje un plus añadido de gran emoción: una adictiva experiencia a la que no podía resistirse.

Aquel fin de semana el casco antiguo de Priego albergaba el tradicional Mercadillo Medieval. El Chico de ayer, sin dudarlo, se apresuró en coger su Reflex, y partió a buen trote  hacia la zona del Castillo.

-"No existe mejor enclave en el Priego del Agua que el que conforma el Corazón de Jesús y la plaza del Llano, con la Asunción al fondo. Seguro que consigo una buena instantánea", se dijo, confiado para adentro, mientras transitaba la Ribera –arteria especialmente congestionada por el tráfico en ese momento- , calle abajo, ese viernes por la tarde.


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