sábado, 25 de marzo de 2017

ESTRUENDO EN EL LLANO

En su cabeza, automática e inconscientemente resonaba la siguiente coplilla:

Viva Priego que es mi pueblo,
San Nicasio su patrón
viva la gente de Priego,
porque de Priego soy yo.


Paseó junto al estanque de agua del Llano y se dejó envolver por el húmedo sonido de los saltadores y de los gorriones. No pudo evitar el recuerdo de la otrora gran fuente circular que fue trasladada, años más tarde, al barrio de la Inmaculada. Aquel había sido el sitio de su recreo (y el de su hermano) cuando los niños de los Maristas y de las Monjas jugaban alegremente, poco antes de comenzar la catequesis cada miércoles, al salir de clase por la tarde.

Tuvo algún problema para llegar a la altura de la Sacristía de la Asunción, debido a la masiva afluencia de gente. Desde allí pretendió inmortalizar la imponente fortaleza árabe, con la caída del crepúsculo reforzando su característica coloración anaranjada. Con la película de haluro de plata a punto, ajustó obturador y diafragma para lanzar la instantánea. Adelantó levemente su cuello y achinó su ojo izquierdo al mirar por el visor, pero antes de que sonara el "click" un estruendo se dejó sentir como una bomba en el interior del templo: ¡se había caído la campana de la torre de la Parroquia!

Este desagradable hecho colapsó su cerebro por un instante. ¿Sería capaz de asumir el estado que presentaba la Parroquia donde hizo su Primera Comunión, siendo como era, un hombre eminentemente tradicional y metódico?

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