sábado, 8 de abril de 2017

EL CONSUELO DEL ÚLTIMO CURA CON SOTANA

De repente, como si surgiera de detrás de alguna columna, se le aproximó un sacerdote, acaso el último cura con sotana de la localidad. Taconeando con vigor y llevando las manos juntas detrás de la espalda, comenzó diciéndole:

-"¿Qué te pasa hombre?, ¿Por qué estás tan apesadumbrado.... no ves que gracias a Dios no había nadie en la Iglesia cuando se cayó la campana?". El Chico de Ayer, todavía confuso, dirigió su mirada hacia los ojos del anciano sacerdote y le respondió:

-"Disculpe Padre…he venido hasta aquí con la sana intención de conseguir la mejor instantánea posible de nuestro querido Priego, y me encuentro con esto...". El cura, compasivo, intentó quitarle hierro al asunto –nunca mejor dicho-:

-"Bueno hombre, no pasa nada, tienes infinidad de escenarios para fotografiar en este pueblo tan maravilloso. Seguro que lo conseguirás cuándo se te pase este mal trago...". Nuestro hombre replicó enseguida:

"… Puede ser, pero ya llevamos dos disgustos en esta semana y necesitaré mi tiempo".

En efecto, el infortunio y la miseria humana habían golpeado -y de qué manera- a dos de los mayores símbolos religiosos de la Joya del Barroco cordobés. Después del varapalo que le supuso constatar en primera persona el robo de la imagen de la Virgen ubicada en la Fuente de la Salud, ahora tenía frente a sí semejante percal.

"Gracias por todo, Padre. Voy a ir enfilando ya el camino de regreso a casa", le dijo al amable cura, en empático gesto circunflejo. 

-"No hay de qué mozuelo... para eso estamos. Anda con Dios.”     

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