sábado, 12 de agosto de 2017

EL AMANECER DEL CAJASUR PRIEGO TENIS DE MESA

En ese momento, todos los compadres foráneos miraron, absortos, como el Chico de Ayer se emocionaba al recordar esos tiempos. Carraspeó para añadir lo siguiente:

-"Conozco bien el tema porque yo mismo fuí, junto a mi hermano alguna vez a pelotear con ellos en algún verano. Naturalmente no teníamos el mismo nivel que ellos, por lo que jugábamos al frontón y rápidamente nos aburríamos".

En ese momento nuestro hombre volvió a su infancia. Recordaba las salas con varias mesas de ping-pong dispuestas, a contraluz. Los jugadores, pertenecientes a las familias Ruiz y Machado, estaban emparejados por edades y jugaban a gran velocidad en silencio. Todos ellos con las piernas arqueadas buscando la mejor postura para realizar la transición defensa-ataque. Lo único que se oía era el sonido plástico de la bola al impactar sobre las superficies de las palas y de las mesas. La disciplina, en todo el término de la palabra, se mascaba en el ambiente. El responsable de tanto profesionalismo, se encontraba delante y era un brillante expalista afincado en Priego por su relación familiar directa con la familia Machado.


De todas la parejas que vio jugando, la que más le llamó la atención era la de los niños que pertenecían a la categoría de infantiles. Los chiquillos, de menos de ocho años, apenas conseguían elevar la cabeza sobre la altura de la mesa. Sin embargo, destacaba sobremanera que no andaban a la zaga respecto al resto de las parejas en los tres aspectos clave de este deporte: concentración, velocidad y golpeo técnico.

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