sábado, 30 de septiembre de 2017

PREGONANDO PRIEGO

Continuaba con la labor de embajador de Priego que inició el día anterior y se encontraba en la zona del Balcón del Adarve con sus antiguos compañeros de facultada malagueños. Mientras miraban boquiabiertos el mar de huertas que tenían debajo, nuestro hombre -ufano-, les fue preguntando:

-"Vosotros estáis muy orgullosos del Castillo de Gibralfaro y de todo lo que representa para Málaga, ¿verdad? Con sus bonitas vistas a la bahía del puerto, etcétera, pero decidme la verdad, ¿os esperábais un mirador como éste en la Cuna del Barroco cordobés?”

-"¡Desde luego que no!", respondieron al unísono, mientras observaban el núcleo rural de la Aldea de la Concepción en la distancia. Lo cierto es que, de alguna manera, el tiempo parecía detenerse entre aquellas lomas. La tonalidad blanca de aquel diseminado contrastaba fuertemente con el verde oscuro de los olivares, al tiempo que prolongaba el sabor a cal que todos traían desde su reciente paso por el Barrio de la Villa.

Seguían caminando junto a la interminable barandade forja, dejando atrás farolas que parecían repetirse una y otra vez, y contemplaban obnubilados la Sierra de los Judíos. En ese momento el Chico de Ayer interrumpió el silencio para comentarles con orgullo:


-"Si por algo destaca Priego, además de por su arte y la calidad extrema de su aceite, es por la hospitalidad y simpatía de su gente. Además, la abundancia de fuentes y surtidores de agua ayuda a acentuar esta percepción".

sábado, 23 de septiembre de 2017

BENDITA AGUA DE PRIEGO

De repente por la plaza Puerta del Sol aparecieron cinco ciclistas de no más de trece años cada uno. Venían exhaustos por el esfuerzo de la vecina localidad de Almedinilla. Eran las seis y media de la tarde de un caluroso agosto y sus bidones de agua se habían quedado totalmente secos.

Click, click… Las metálicas patillas de las bicicletas iban sonando consecutivamente para hacerlas permanecer en posición horizontal y los mozuelos, uno a uno, hincaban la rodilla en la primera fuente del Adarve para acceder al líquido elemento. En un gesto de continuación, acompasado, todos se sujetaban apoyando una mano sobre el oxidado conducto del saltador de agua procediendo rápidamente a beberla. Al bajarse de la fuente sus facciones se iban relajando, terminando por limpiarse la boca un acto reflejo cargado de agradecimiento. Los chicos de esta manera habían obtenido la recompensa a su jornada deportiva en forma de agua de su patria chica.

El Chico de Ayer analizaba de cerca la escena y vió cómo los jóvenes montaban de nuevo a lomos de sus mountain bikes, perdiéndose instantes después en el horizonte. 

sábado, 9 de septiembre de 2017

LETRAS AL INMORTAL RUISEÑOR DE PRIEGO

Cuando se hubo calmado, miró el mar de huertas que quedaban a sus pies bajo el Adarve, y al oído, le recitó la siguiente poesía:

Nadie voló sobre mi nido
piensas, Joselito, en el Adarve
tu Saeta de Ruiseñor ha sido
"minuto de oro" en la tarde.

Clásico televisivo
Semanas Santas sin fin
siguiéndote miles de almas
suben al Calvario por tí

Han pasado sesenta años,
ha cambiado la sociedad,
pero nos sigue conmoviendo
la sencillez, lo natural.

Joselito, artesano y dueño
de la copla y del compás,
de la "Banda Tirachinas"
serás siempre  Capitán.

Vaya ojo, el director:
nuestro pueblo eligió entre miles
para mostrar las tradiciones,
y los valores sensibles.

sábado, 2 de septiembre de 2017

A SOLAS CON JOSELITO

Acto seguido se acercó a la majestuosa pérgola de Ganímedes, saliendo del espacio anterior y dejándose envolver por el canto de los gorriones y el rumor de los saltadores de agua. De frente,  también admiró detenidamente la bella estatua dedicada al amante de Zeus. Sin embargo, con el rabillo del ojo atisbó, un poco más lejos, la menuda figura –ciento treinta centímetros de altura- en bronce de un sonriente mozuelo sujeto a la baranda del Balcón del Adarve. En ese momento le embargó la emoción y corrió a su encuentro.

Con lágrimas en los ojos, el Chico de Ayer se fundió en un largo abrazo con su queridísimo Joselito, fenomenalmente esculpido por el prieguense Manuel Jiménez, alcanzando la felicidad más plena. Después, lleno de rabia, se desahogó:


-“¡Hay que ver  los políticos…, cómo han podido utilizar tu homenaje por el cincuenta aniversario de la película para sacar beneficio partidista! Utilizarte a tí, Dios mío, que eres nuestro símbolo. Que aglutinas como nadie la sencillez y la pureza de espíritu de todo un pueblo que ama sus costumbres… ¡malditos sean los que no respetan las tradiciones!