sábado, 23 de septiembre de 2017

BENDITA AGUA DE PRIEGO

De repente por la plaza Puerta del Sol aparecieron cinco ciclistas de no más de trece años cada uno. Venían exhaustos por el esfuerzo de la vecina localidad de Almedinilla. Eran las seis y media de la tarde de un caluroso agosto y sus bidones de agua se habían quedado totalmente secos.

Click, click… Las metálicas patillas de las bicicletas iban sonando consecutivamente para hacerlas permanecer en posición horizontal y los mozuelos, uno a uno, hincaban la rodilla en la primera fuente del Adarve para acceder al líquido elemento. En un gesto de continuación, acompasado, todos se sujetaban apoyando una mano sobre el oxidado conducto del saltador de agua procediendo rápidamente a beberla. Al bajarse de la fuente sus facciones se iban relajando, terminando por limpiarse la boca un acto reflejo cargado de agradecimiento. Los chicos de esta manera habían obtenido la recompensa a su jornada deportiva en forma de agua de su patria chica.

El Chico de Ayer analizaba de cerca la escena y vió cómo los jóvenes montaban de nuevo a lomos de sus mountain bikes, perdiéndose instantes después en el horizonte. 

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