sábado, 30 de septiembre de 2017

PREGONANDO PRIEGO

Continuaba con la labor de embajador de Priego que inició el día anterior y se encontraba en la zona del Balcón del Adarve con sus antiguos compañeros de facultada malagueños. Mientras miraban boquiabiertos el mar de huertas que tenían debajo, nuestro hombre -ufano-, les fue preguntando:

-"Vosotros estáis muy orgullosos del Castillo de Gibralfaro y de todo lo que representa para Málaga, ¿verdad? Con sus bonitas vistas a la bahía del puerto, etcétera, pero decidme la verdad, ¿os esperábais un mirador como éste en la Cuna del Barroco cordobés?”

-"¡Desde luego que no!", respondieron al unísono, mientras observaban el núcleo rural de la Aldea de la Concepción en la distancia. Lo cierto es que, de alguna manera, el tiempo parecía detenerse entre aquellas lomas. La tonalidad blanca de aquel diseminado contrastaba fuertemente con el verde oscuro de los olivares, al tiempo que prolongaba el sabor a cal que todos traían desde su reciente paso por el Barrio de la Villa.

Seguían caminando junto a la interminable barandade forja, dejando atrás farolas que parecían repetirse una y otra vez, y contemplaban obnubilados la Sierra de los Judíos. En ese momento el Chico de Ayer interrumpió el silencio para comentarles con orgullo:


-"Si por algo destaca Priego, además de por su arte y la calidad extrema de su aceite, es por la hospitalidad y simpatía de su gente. Además, la abundancia de fuentes y surtidores de agua ayuda a acentuar esta percepción".

No hay comentarios:

Publicar un comentario