sábado, 7 de octubre de 2017

PRIEGO COMO RECOMPENSA

Subido en una muralla
hay en Priego un balcón
que se llama El Adarve
y en aquel sitio
artesanos de su tiempo
plantaron como si fueran macetas
dos fuentes que se hicieron amigas
y parece que ellas son homenaje
al agua y a la cal blanca del pueblo.
                                 
Ellas señeras y en primera línea
hacen honores a Priego
y el murmullo de susaguas
hacen ecos de recuerdos
de la música suave que abre
corazones y sentimientos.


En efecto, nuestro hombre recordó el momento en que regresaba a su pueblo cada fin de semana, tras estar trabajando a diario en Madrid. Cómo divisaba desde las Angosturas la majestuosa silueta de la Joya del Barroco y los tiernos sentimientos que en él despertaba. El skyline que para sí quisieran muchas localidades, cavilaba siempre desde el coche al acercarse desde La Vega. No en vano, ¡cuánto había echado de menos el calor humano de sus paisanos! Y sobre todo: ¡de qué manera se sentía recompensado a pesar del largo viaje!

Mirando la ultima fuente, situada junto a la panadería, se detuvo, indicándole al grupo:


-"¡Ea... ahí la tenéis! La recompensa al esfuerzo y el maná para el forastero".

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