sábado, 25 de noviembre de 2017

YA VIENE PESTÍÑEZ...

 El contacto con la acera de la calle Río le devolvió a la realidad del momento y del pueblo; restos de cera pegados en el suelo daban buena cuenta del paso de la estación de penitencia de la Vía Sacra instantes antes. Y una quietud total presidía el ambiente nocturno. Priego dormía ilusionado para disfrutar breves instantes de su referente, su icónico Nazareno.

¡Pom-pom-pom-pom-…! el sonido del tambor de Pestíñez envolvía su hogar y el de
miles de paisanos.

 Ya viene Pestíñez
con el bacalao,
el pan en la mano
pegándole bocaos.           

-“Hijo levántate, que va a salir Jesús…”, le desperezaba su madre a la mañana siguiente.

 El nerviosismo había invadido al mozuelo impidiéndole descansar esa noche las horas mínimamente recomendables. Él ya había cambiado ciertos hábitos que tenía de niño. De pequeño se enfundaba una diminuta túnica en raso morada y se complementaba con un fajín amarillo. Ya sentía cierto pudor al respecto, sin embargo ese día al levantarse de la cama, sintió cierta nostalgia de viejas costumbres.

-“Y este niño…, que parece que le da fatiga ahora vestirse de nazareno, con lo bonito que es eso…”, se escuchaba farfullar a la mamá, a lo lejos.

 Tampoco en su cabeza estaba ese año meterse bajo el varal a llevar a Jesús, como cuando siendo adolescente lo intentó una vez, y finalmente consiguió, no sin gran dosis de valor. Para él el objetivo ahora era más simple y no por ello menos profundo: colocarse estratégicamente en el Compás de San Francisco a contemplar la salida de la procesión, para vivir la emoción in situ. Soñaba además en conseguir una instantánea de lujo, inciándose como estaba en el mundo de la fotografía analógica.


No hay comentarios:

Publicar un comentario