sábado, 30 de diciembre de 2017

BUENOS TIEMPOS PARA EL ALVAREZ CUBERO

 De repente, la puerta del aula A de COU se abrió por sorpresa. Y un nuevo profesor, con los ojos fuera de las órbitas, permaneció de pie junto a ella,mirando a los alumnos a la cara. Se trataba de un especialista en matemáticas, que se encontraba haciendo guardia y acudía a supervisar aquellas clases que, por alguna u otra circunstancia, no podían disponer de su profesor de turno. Su tupido mostacho le otorgaba un especial aire académico. Enseguida interpeló al grupo, que disfrutaba en ese momento de su "hora libre":

-"¿Sabéis lo que yo habría hecho si me topo con el que asesinó ayer a las niñas de Alcácer? ¡Denunciarlo de inmediato! Hacedme caso: nunca seáis cómplices siquiera por omisión. Una sociedad madura es aquella que no permanece indiferente ante estas atrocidades".

 Apenas intercambió más palabras con nosotros y el docente, lleno de dignidad, se marchó con su disgusto a cuestas para continuar con su particular ronda por los oscurísimos pasillos interiores del centro.


 Paradógicamente, el ambiente en el día a día era el opuesto a la opacidad que mostraban algunas aulas. En el Instituto Álvarez Cubero se respiraba un aire de nuevos tiempos, de modernidad. Para el Chico de Ayer y sus coetáneos, aquello era lo más parecido al París previo a la revolución industrial: no sólo se acumulaban nuevos conocimientos técnicos, sino que se compartían atractivas vivencias y experiencias que se escapaban a la disciplinada metodología conocida hasta entonces. Y eso, para adolescentes venidos de colegios más o menos cerrados, constituía un preciadísimo tesoro.

sábado, 23 de diciembre de 2017

MÍTICA CARRERA DE LAS MONJAS

Treinta puestos de avellanas
quince tiendas con juguetes
muchas más de tiro al blanco
triquitraques y cohetes.

Los gritos del turronero;
el chinchin de los tiovivos;
el que vende caramelos,
con trinta mil adjetivos.

Mientras iba cavilando sobre este choque de sensaciones y recuerdos acerca de la Carrera de las Monjas, su mujer le sorprendió:

-“Desde luego… ¡es impresionante la historia que alberga esta arteria de Priego, cariño!”. El Chico de Ayer, absorto como estaba en sus pensamientos, sólo acertó a decir:

-“Me has asustado, cielo, no esperaba que me hablaras ahora…”. A lo que ella, plena de lucidez y fino sentido del humor, respondió:

-“¡Ni que fuera el Toro de Domingo!”. Y riéndose ambos continuaron su romántico paseo cogidos de la mano.

sábado, 16 de diciembre de 2017

EL MISTERIOSO TORO DE DON DOMINGO

A la altura de la Iglesia de las Mercedes, nuestro hombre se detuvo, frunció el ceño, y sorprendió a su mujer con un comentario.

-"Sin embargo, en este tramo de la calle noto sensaciones contrapuestas.Algo así como los altibajos de la vida. Me refiero al contraste frío-calor, las alegrías y las penas.

En efecto, nada había dejado una huella de miedo más profunda en el imberbe corazón del Chico de Ayer, que la imagen nocturna de un extraño artilugio que, cargado con fuegos artificiales, se desplazaba en aleatorias trayectorias desde las Mercedes al Palenque, sembrando el pánico entre los chiquillos de la época. Era el “Toro de Don Domingo”, y formaba parte de las fiestas organizadas por dicha iglesia a comienzos del mes de septiembre. Por contra, ese mismo tramo de calle retrotrajo también anuestro simpar personaje al mundo de los perritos piloto y las muñecas chochona. A música de sevillanas sonando con gran volumen en locales comerciales improvisados como casetas, y a la belleza, rotunda, de las mujeres ataviadas con traje de gitana montadas a lomos de atractivos caballos. Y es que nada le hacía brotar más alegría que observar dispuesto el alumbrado colgante entre fachadas, y los haces de luces de puestos de venta y atracciones de las dos ferias locales -San Marcos y Real-, ubicadas ambas en la Carrera de las Monjas. ”Qué pena no preservar huella analógica de todo aquello por no disponer de cámara entonces”, pensó para sí.

sábado, 9 de diciembre de 2017

PRIEGO, EN LA LIGA DE ÚBEDA Y BAEZA

-"Pocas calles de Priego tienen el encanto y la historia de ésta", comentaba el Chico de Ayer a su fiel esposa, mientras bajaban caminando por la Carrera de las Monjas, dirección el Paseíllo".


-"Tienes razón cielo, en esta calle han convivido en el pasado lugares tan distinguidos como el Casino de los señores o el restaurante Xania. Ya sabes, puntos de encuentro de los intelectuales de la época", apostilló orgullosa la mujer.

Era una tarde de final de verano y el feliz matrimonio se relajaba dando un paseo, deleitándose con las fachadas de las casas señoriales que iban apareciendo, sin despejar en ningún momento sus manos románticamente entrelazadas. Alzando ambos su vista a la derecha, se maravillaron con el rojizo exterior de algunas de ellas. Abundaban los balcones curvos, cerrados y salientes, que parecían desafiar las leyes físicas, consiguiendo atrapar la atención de cualquier viandante. Se trataba de nobilísimas viendas, provenientes de épocas pretéritas y con un marcado aire romántico. Contaban con hierro de forja en los ventanales y destacados mascarones y escudos de armas en las fachadas. "Sin duda Priego juega en la misma liga que Úbeda o Baeza", iba barruntando el Chico de Ayer, esbozando una limpia sonrisa. Su vieja Réflex, siempre a mano, era descolgada del cuello para conseguir instantáneas que añadir a su colección.  

sábado, 2 de diciembre de 2017

PASIÓN AL COMPÁS DEL NAZARENO

 Realizando un desayuno ligero y con el ojo puesto en la televisión, no parpadeó siguiendo la retransmisión que la cadena local hacía de los prolegómenos en el templo de San Francisco, con comentarios de Eloy de Valverde, en especial despliegue.

 Apresuradamente se colocó una camisa y un vaquero y por supuesto, se atavió con una bolsa con palillos y el clásico hornazo de gallina. Finalmente se colgó la Reflex al cuello.

-“Salgo para San Francisco, madre…”, fueron las cinco palabras que se le escucharon decir. Aparcó su cotidiana mesura y, como un rayo, se dirigió hacia el Compás, situándose justamente en la esquina más libre de las dos en contacto con la Iglesia.

 Desde ese lugar obtenía la panorámica precisa: el desnivel del suelo permitía ver la salida limpiamente y apuntar con ojos de cazador antes de apretar el botón de su máquina. Hasta el día acompañaba, y la mañana primaveral y soleadísima facilitaba el deleite para los sentidos. La cuadrada plaza estaba a rebosar de gente y la aparición de San Juanico y la Virgen terminó resultando de lo más brillante. Pero el momento culminante llegaría instantes después. Cuando el toque de cornetas y tambores de la banda anunciaba la salida del Señor. Como cada año, como ese año una vez más.


 En ese momento fijó la vista en la majestuosidad de la figura Jesús que, llevado a hombros por su pueblo, era rodeado por miles de personas como si de un manto humano se tratara. Y en la mirada infinita, indescriptible, que sólo El Rey de Priego posee. Desbordado por la realidad del momento, sintió que miles de almas se conectaban en comunión. El dedo índice de su diestra, que permanecía fijo sobre el botón de la cámara, no pudo ejercer presión. “Es el milagro”, pensó. “Es el milagro… de que seguimos vivos”.