sábado, 30 de diciembre de 2017

BUENOS TIEMPOS PARA EL ALVAREZ CUBERO

 De repente, la puerta del aula A de COU se abrió por sorpresa. Y un nuevo profesor, con los ojos fuera de las órbitas, permaneció de pie junto a ella,mirando a los alumnos a la cara. Se trataba de un especialista en matemáticas, que se encontraba haciendo guardia y acudía a supervisar aquellas clases que, por alguna u otra circunstancia, no podían disponer de su profesor de turno. Su tupido mostacho le otorgaba un especial aire académico. Enseguida interpeló al grupo, que disfrutaba en ese momento de su "hora libre":

-"¿Sabéis lo que yo habría hecho si me topo con el que asesinó ayer a las niñas de Alcácer? ¡Denunciarlo de inmediato! Hacedme caso: nunca seáis cómplices siquiera por omisión. Una sociedad madura es aquella que no permanece indiferente ante estas atrocidades".

 Apenas intercambió más palabras con nosotros y el docente, lleno de dignidad, se marchó con su disgusto a cuestas para continuar con su particular ronda por los oscurísimos pasillos interiores del centro.


 Paradógicamente, el ambiente en el día a día era el opuesto a la opacidad que mostraban algunas aulas. En el Instituto Álvarez Cubero se respiraba un aire de nuevos tiempos, de modernidad. Para el Chico de Ayer y sus coetáneos, aquello era lo más parecido al París previo a la revolución industrial: no sólo se acumulaban nuevos conocimientos técnicos, sino que se compartían atractivas vivencias y experiencias que se escapaban a la disciplinada metodología conocida hasta entonces. Y eso, para adolescentes venidos de colegios más o menos cerrados, constituía un preciadísimo tesoro.

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