sábado, 27 de enero de 2018

EL ARREBATADOR MAGNETISMO DEL NAZARENO

 La estación de penitencia seguía su transcurso habitual hasta el Palenque, orientada inequívocamente al tradicional cambio de ritmo: “Paso redoblao como el año pasao” ,espetaba con rabia al aire, el Capitán del Escuadrón. Cerca de la cabina telefónica, justo enfrente de la actual gran superficie de alimentación, esperaba nuestro simpar personaje a sus baby-nazarenas, presto para ofrecerles avituallamento junto con palabras de ánimo, y colgarles sus respectivos hornazos en el dorado cordón. Desde allí divisaban, entre la algarabía, el resto del desfile procesional. Hasta que se vislumbraba, al fondo de la Carrera de las Monjas, la majestuosa estampa del Rey de Priego.


 El Chico de Ayer, en ese instante, creyó presenciar el milagro anual. Dotada de un especial magnetismo, a caballo entre la compasión por el género humano y la serenidad más infinita, la mirada de Jesús causaba estragos entre todos los prieguenses. El Señor, habas de San Juanico en Cruz, era vitoreado una y otra vez por el gentío allí congregado. Sus improvisados costaleros se disputaban el privilegio de llevarlo, provocando indefectiblemente un continuo vaivén de ida y vuelta en la marcha hacia el Gólgota. La escena era sensorialmente amplificada por el movimiento de la lacia melena al enérgico son de los tambores, que en ese momento se elevaban sobre las cabezas de los congregados. Era la particular reproducción del pasaje de la Biblia, entre Sierras Subbéticas, dos mil años más tarde. Apretando el botón de su vieja Réflex, el Chico de Ayer consiguió varias preciosas instantáneas más, a las que añadir a su colección.

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